La presencia de Dios en nuestras vidas – Parte I: No estamos solos

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‹‹Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones›› (Salmo 46:1) 

Posiblemente ningún ser humano esté completamente libre de problemas. De alguna manera todos enfrentamos un cierto grado de dificultades. Muchas veces estos problemas llegan a arruinarnos el día.

David conocía muy bien el significado de las “fortalezas”. Cuando el rey Saúl le perseguía, él buscó lugares estratégicos para evitar que sus enemigos lo atrapen. A veces eran lugares construidos para repeler ataques, otras veces eran territorios que por la ubicación geográfica eran difíciles de asaltar.

Desde la antigüedad las ciudades que no tenían murallas eran consideradas “inseguras”. Los invasores fácilmente atacaban y lograban dominar a los habitantes.

El salmista nos recuerda algunos beneficios de vivir confiado en el Señor. Podemos afirmar categóricamente que su presencia nos ampara.

‹‹Dios es nuestro amparo […] en las tribulaciones›› (v. 1)

Dios no abandona a los que en él confían. Recibe con brazos abiertos a todos aquellos que confían en su compasión. Bajo su cuidado cualquier miedo es infundado.

Sería poco inteligente que ante un peligro de tormenta, buscásemos resguardarnos en un lugar que no ofrece ninguna seguridad. Lo más lógico que podemos hacer es ir a un lugar que sabemos, puede resistir los embates de la tormenta.

Pero es lo que muchos habíamos hecho antes de conocer al Señor. Sabemos que el humo del cigarrillo puede anestesiar la ansiedad, pero no quita el problema. Lo mismo sucede con otros vicios, que pueden hacerte olvidar por un rato el desengaño amoroso, pero el dolor continuará cuando los efectos terminen.

Lo mismo ocurre todo el tiempo con nosotros, a veces pareciera que confiamos más en nuestras propias capacidades. Sin embargo terminamos decepcionados muchas veces porque confiamos en las frágiles obras de nuestras manos.

Muchas veces nos damos cuenta de que se levantan problemas en nuestras relaciones, o en nuestra comunión con el Señor. Pero preferimos ignorarlos, creyendo que tendríamos tiempo para solucionarlos y escapar de la tormenta.

 

Abelardo Brítez
Conductor de “Ara Pyahu”

 

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